"La fuerza del poder y del capital desgarrará tu condición estamos aquí nos hacemos ver todos contra el poder". La frase corresponde a una de las protestas más claras que posee la banda española SKA-P en sus letras. Sin embargo, la misma puede ser aplicada a muchas realidades a nivel mundial.
Ayer por la tarde, en hechos que todavía no fueron esclarecidos, Mariano Ferreyra, un militante Partido Obrero de tan sólo 23 años, murió tras ser baleado por una patota de
El asesinato, y no para menos, desató una ola de conjeturas, respuestas, repudios y manifestaciones que expresan, desde diversas partes y sectores de la sociedad, el rechazo hacia lo ocurrido. Indudablemente, las banderas se levantan contra la violencia, y sobre todo, contra la violencia política que parece, según lo que los medios reflejan, la cuestión que acentúa el conflicto.
A su vez, existe una cuestión que, paradójicamente, no parece reflejarse en ninguno de los ámbitos.
No puede negarse que la violencia política, que las expresiones de brutalidad ligadas a los aparatos orientados desde la teoría hacia la democracia y la expresión de la ciudadanía constituyen una problemática alarmante. Sin embargo, la violencia en los sectores, en este caso sindicales, resulta el síntoma de una dificultad de dimensiones mayores. La irracionalidad en
“No creo en políticos ni en militares”, prosigue la canción mencionada al comienzo. De la misma manera, parece seguir la mirada que debe efectuarse sobre la realidad que el país vive por estas horas. Resulta incuestionable que la actividad, que la militancia, que la relación que cada individuo establece con las distintas posturas políticas es vital para entablar un debate en cualquier ámbito. Pero al hablar de violencia, no existen colores, no existen banderas, ni partidos políticos. Poco importa si era militante del Partido Obrero, de
La violencia excede cualquier idea, cualquier filosofía, cualquier pensamiento o ideología. La muerte de Rubén Carballo, el joven asesinado por
Sin dudas, la cuestión de la violencia institucionalizada excede, lamentablemente, cualquier postura, cualquier oficialismo u oposición. Será hora entonces, de tomar conciencia como sociedad de una realidad que, cotidianamente, está alcanzando sectores y ámbitos cada vez más extensos y diversos. Sólo en el momento en que se pueda erradicar a la brutalidad de las instituciones, estarán dadas las condiciones para considerar la política en el medio.
“Seguimos en pie”, apunta el estribillo y nombre la canción señalada, en un grito de esperanza y de seguridad. Esperemos, que se levante como bandera para cambiar esta situación.